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El Resumen

PREPARACIÓN DE EXÁMENES


Los exámenes son necesarios; es el momento en el que se debe demostrar que se han adquirido los conocimientos necesarios. 

Los exámenes deben prepararse desde principio de curso, llevando al día el estudio. Cuanto mejor dominamos los primeros temas de una asignatura, con más facilidad se asimilarán los siguientes. Lo ideal es ir auto-evaluando nuestro aprendizaje antes de que lo haga el profesor, y en función de los resultados de estas pruebas planificar nuestro trabajo (qué debemos repasar más intensamente, qué dominamos, qué no entendemos…).

Una idea clave para tener éxito en los exámenes es la empatía. La empatía es la capacidad para ponerse en el lugar de otra persona. Pues bien si usamos la empatía correctamente, podremos ponernos en el lugar del profesor y así cuando estudiemos recordaremos a qué partes le dio más importancia o donde se detuvo más tiempo, deduciendo a partir de ahí qué preguntas pueden caer en el examen.

Antes del examen debemos tener en cuenta una serie de ideas que nos ayudarán a prepararlo:
  • Debemos tener claro cómo se va a evaluar: examen tipo test, preguntas a desarrollar, examen oral… Una vez sepamos qué tipo de examen será, estudiaremos en función del mismo. No se estudia igual un examen tipo test que un examen de desarrollo. 
  • El primer momento de estudio comienza con la asistencia a clase, la participación activa y el correcto aprovechamiento de las clases. ¡Es aquí donde se empieza a estudiar para un examen! - Debemos estudiar y repasar desde el primer día. 
  • Es muy útil buscar y plantear, a partir de lo que estudiemos, posibles preguntas de exámenes y cuando ya hayamos estudiado toda la materia, debemos realizar un “posible examen” con las mismas características que el que nos pondrán y realizarlo en el mismo tiempo del que dispondremos.

¿Cómo afrontar los diferentes tipos de exámenes? 

A lo largo de tu vida como estudiante evaluarán tus conocimientos de diferentes maneras. Aquí vamos a ver cómo enfrentarnos a los tres tipos de exámenes más usuales: tipo test, prueba de desarrollo y prueba oral.

Los exámenes tipo test se caracterizan porque en ellos no interviene el juicio subjetivo del que corrige la prueba y las respuestas que hay que dar son muy breves (marcar con una cruz la opción correcta, completar una frase con una palabra…).
Estas pruebas pueden pedirte que respondas si un enunciado es verdadero o falso, que elijas la alternativa correcta de entre varias opciones posibles, que completes una frase con una palabra o que asocies pares de elementos dispuestos en dos columnas. Cuando nos enfrentemos a este tipo de pruebas debemos tener en cuenta lo siguiente:
  • Conocer previamente el sistema de puntuación que se va a aplicar. 
  • Antes de empezar a contestar, echar un vistazo a todas las preguntas. 
  • Controlar el tiempo que tenemos para su realización. 
  • Leer las instrucciones para su realización que suelen aparecer en el encabezamiento. 
  • Leer con detenimiento los enunciados de cada pregunta. 
  • Ir contestándolas en el orden en que aparecen. 
  • No quedarnos atascados en una pregunta; en caso de duda, pasa a la siguiente. 
  • Intentar contestar a los enunciados sin leer las alternativas de respuesta, comprobando después si nuestra respuesta coincide con alguna de las alternativas propuestas. 
  • Si encontramos alternativas muy similares, debemos fijarnos en las palabras que marcan la diferencia. 
  • Ante dos respuestas que podrían ser correctas, marcar la alternativa que resulta más correcta en función del enunciado. 
  • Repasar todo el examen intentando responder a las preguntas que se han dejado en blanco y repasando las contestadas para que no existan errores.
En las pruebas de desarrollo, a diferencia de las anteriores, se debe exponer y desarrollar los contenidos objetos de examen, poniendo en juego aptitudes como la comprensión, el razonamiento, el análisis, la síntesis, la expresión y la organización. Para este tipo de exámenes debemos:
  • Leer las instrucciones y cada una de las preguntas a contestar. 
  • En caso de dudas sobre las preguntas, debemos pedir aclaraciones al profesor. 
  • Distribuir el tiempo del que disponemos; puede ser aconsejable marcar a lápiz al lado de cada pregunta el tiempo que podemos dedicarle, y en la medida de lo posible, cumplir esta programación. Antes de contestar una pregunta debemos hacer un esquema mental de la respuesta a dar. 
  • Reservar un tiempo al final para repasar lo escrito, corrigiendo faltas de expresión y ortografía. 
  • Evitar ser demasiado breve o extenderse demasiado en la respuesta. Se debe responder sólo a lo que se solicita en el enunciado, ni más ni menos. 
  • Contestar a todas las preguntas, aunque sea de forma sistemática; de esta forma el que corrige puede interpretar que faltó tiempo para contestarla, pero que en realidad la sabemos. 
Además en estos exámenes hay una serie de elementos formales que debemos tener en cuenta y que si los cuidamos darán una mejor impresión de nuestro trabajo al profesor. Entre ellos hay que destacar: 
  • La escritura: debe ser clara, el tamaño excesivamente pequeño dificulta la lectura, respetar los márgenes y dejar espacio suficiente entre líneas. 
  • Dejar claro dónde empieza y dónde termina cada respuesta, y a qué pregunta corresponde. 
  • Evitar los tachones; aplica líquido corrector si está permitido y si no puedes tacha con una sola línea. 
  • Al redactar, intenta incluir en cada párrafo una idea o concepto. Utiliza frases cortas, simples, con un lenguaje claro y sencillo, pero adaptado a la asignatura del examen (riguroso y técnico).

Finalmente, en las pruebas orales la preparación previa específica para las mismas influye mucho en el posterior resultado. Aparte de tener que conocer los contenidos del examen, debemos transmitir seguridad, y para ello debemos ensayar la situación de examen en casa. Es conveniente entrenar posibles respuestas delante de un espejo o incluso grabarnos, para así poder corregir errores y acostumbrarnos a exponer en público temas formales. Una vez estemos en la situación de examen no debemos precipitarnos en la respuesta, mantener el contacto visual con el examinador, presentar el contenido de la forma más amena posible y evitar sentirnos nerviosos, pues esto puede hacer pensar al profesor que no dominamos con suficiente soltura el tema del que hablamos.



ANTES DEL EXAMEN
1. Empieza el primer día en que conoces la fecha en que has de realizar un examen.
2. Utiliza un método de estudio (en este trabajo se te sugieren algunos) 
3. Anota: horario, duración, lugar, tipo, fecha, materia objeto de examen, tipo de preguntas, criterios de evaluación.
4. Elabora un plan y un horario de repasos 
5. Ten en cuenta los aspectos de: motivación, tensión, relajación, descanso. 
6. Controla los pensamientos negativos sobre el resultado. 
7.   Cómo utilizar la víspera del examen, principalmente repaso. 
DURANTE EL EXAMEN
1. Se puntual Elige un buen sitio, si no tienes asignado uno concreto.
2. Lee todas las preguntas y pon atención a las palabras claves. ¡Ojo! Las preguntas hay que leerlas en su totalidad y nos debe quedar muy claro lo que se pregunta.
3. Distribuye bien el tiempo. 
4. Comienza con las preguntas que mejor dominas o de las que estás más seguro
5. Prepara el guion o el esquema de cada pregunta.
6. Si te bloqueas, detente y relájate. La calma y la tranquilidad son imprescindibles para el éxito.
7. Cuida la presentación. Cuidado con la ortografía. Relee el ejercicio antes de entregarlo.
8. No entregues nunca el examen el primero; utiliza todo el tiempo: repasa y corrige.
9. Trata de responder a todas las preguntas. 
DESPUÉS DEL EXAMEN
1. Analiza el examen corregido y observa:   Lo que más aprecia y califica el profesor.  Los defectos en la presentación.   Los errores cometidos y sus causas: entendiste mal la pregunta, olvidaste ideas   importantes, planificaste mal el tiempo, dejaste preguntas incompletas, te falló la memoria 
2. Repasa los temas del examen en libros y apuntes. 
3. Piensa cómo contestarías ahora las preguntas si pudieras repetir el examen. 

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