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Las emociones son reacciones
naturales que nos permiten ponernos en alerta ante determinadas situaciones. Es
necesario adquirir ciertas habilidades para manejar las emociones ya que una
intensidad excesiva puede hacer que las personas las vivan como estados
desagradables o les lleven a realizar conductas indeseables.
La ansiedad es una de esas emociones
que hay que saber manejar porque son vividas como desagradables y pueden
provocar conductas inapropiadas, especialmente cuando se producen ante
contextos sociales (por ejemplo hablar en público) o ante situaciones que no
entrañan ningún peligro (por ejemplo subir en ascensor, salir a la calle,
etc.). Puede que en alguna ocasión te hayas sentido nervioso ante un examen y
esos nervios te hayan impedido acordarte de una pregunta o responder con
exactitud. En ese momento deberías haber usado una de las herramientas que todo
profesional del estudio debería saber manejar: el control emocional. En esta
unida vamos a definir los componentes de la ansiedad, a darnos cuenta cuando
empezamos a ponernos nerviosos y a aprender cuatro técnicas de control de las
emociones para ponerlas en práctica, por ejemplo, ante los exámenes.
¿Cómo funcionan las emociones?
Ante una situación concreta, nuestro
cuerpo emite unas reacciones fisiológicas y en nuestra mente empiezan a
aparecer pensamientos concretos, para posteriormente realizar una conducta que
responda a la situación concreta que dio lugar a las reacciones físicas y los
pensamientos. El problema reside en que cuando la situación que provoca la
emoción es percibida como amenazante, tanto las reacciones físicas como los
pensamientos son inapropiados y negativos y dan lugar a una conducta
inadecuada.
En concreto, la ansiedad es una de
esas emociones que sentimos cuando la situación la percibimos como amenazante y
que hacen que nuestra conducta no sea la correcta. En la ansiedad, como en
cualquier otra emoción, juega un papel muy importante el tipo de pensamientos
que tenemos y las reacciones físicas experimentadas. El modo en que nos
comportamos cuando estamos ansiosos a menudo es inadecuado e interfiere en
nuestro funcionamiento normal. Es muy importante saber controlar este tipo de
emociones ya que pueden afectar seriamente a nuestro rendimiento, por ejemplo,
en un examen.
¿Cómo dominar la ansiedad en los
exámenes?
El ejercicio anterior sirve de
ejemplo para demostrar que el no saber dominar nuestras emociones puede
provocar un mal rendimiento en nuestro trabajo. Por ello es necesario conocer
ciertas técnicas para que seamos capaces de dominar esas emociones
desagradables como la ansiedad y que no sean ellas las que nos dominen a
nosotros. En concreto vamos a ver cuatros técnicas: la respiración profunda, el
pensamiento positivo, la relajación muscular y el ensayo mental.
La respiración profunda
Esta técnica es muy fácil de aplicar
y es útil para controlar las reacciones fisiológicas antes, durante y después
de enfrentarse a las situaciones emocionalmente intensas. Los pasos a seguir
son los siguientes:
1. Inspira profundamente mientras
cuentas mentalmente hasta 4.
2. Mantén la respiración
mientras cuentas mentalmente hasta 4.
3. Suelta el aire mientras
cuentas mentalmente hasta 8.
4. Repite el proceso
anterior.
De lo que se trata es de hacer las
distintas fases de la respiración de forma lenta y un poco más intensa de lo
normal, pero sin llegar a tener que forzarla en ningún momento. Para comprobar
que haces la respiración correctamente puedes poner una mano en el pecho y otra
en el abdomen. Estarás haciendo correctamente la respiración cuando sólo se te
mueva la mano del abdomen al respirar (algunos le llaman también respiración
abdominal).
Pensamiento positivo
Esta técnica puede utilizarse también
antes, durante o después de la situación que nos causa problemas. Esta
estrategia se centra en el control del pensamiento. Para ponerla en práctica
debes seguir los siguientes pasos:
1. Cuando te empieces a
encontrar incómodo, nervioso o alterado, préstale atención al tipo de
pensamientos que estás teniendo, e identifica todos aquellos con connotaciones
negativas (centrados en el fracaso, el odio hacia otras personas, la
culpabilización…)
2. Di para ti mismo
“¡Basta!”
3. Sustituye esos
pensamientos por otros más positivos.
El problema de esta técnica es que se
necesita cierta práctica para identificar los pensamientos negativos, así como
para darles la vuelta y convertirlos en positivos.
Relajación muscular
Esta técnica también sirve para
aplicar antes, durante y después de la situación, pero para su empleo eficaz
requiere entrenamiento previo. Para su práctica sigue los siguientes
pasos:
1. Siéntate tranquilamente en
una posición cómoda.
2. Cierra los ojos.
3. Relaja lentamente todos
los músculos de tu cuerpo, empezando con los dedos de los pies y relajando
luego el resto del cuerpo hasta llegar a los músculos del cuello y la
cabeza.
4. Una vez que hayas relajado
todos los músculos de tu cuerpo, imagínate en un lugar pacífico y relajante
(por ejemplo, tumbado en una playa). Cualquiera que sea el lugar que elijas,
imagínate totalmente relajado y despreocupado.
5. Imagínate en ese lugar lo
más claramente posible.
6. Practica este ejercicio
tan a menudo como sea posible, al menos una vez al día durante unos 10 minutos
en cada ocasión.
Si te ha convencido la utilidad del
ejercicio, recuerda que debes practicarlo para llegar a automatizar el proceso
y conseguir relajarte en unos pocos segundos.
Ensayo mental
Esta técnica está pensada para ser
empleada antes de afrontar situaciones en las que no nos sentimos seguros.
Consiste simplemente en imaginarte que estás en esa situación (por ejemplo,
ante ese examen final de la actividad anterior) y que lo estás haciendo bien, a
la vez que te sientes totalmente relajado y seguro. Debes practicar mentalmente
lo que vas a hacer. Repite esto varias veces, hasta que empieces a sentirte más
relajado y seguro de ti mismo.
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